jueves, 11 de junio de 2015

"licenciada en artes"


Desde siempre, en nuestro entorno cultural se nos pregunta incipientemente  por “¿qué queremos ser cuando grandes?” esa pregunta por el “ser grandes” incluye una definición del ser que solo se ciñe a una carrera profesional, es posible que la necesidad de estudiar artes en una universidad sean restos de ello, hay un asunto que nos atraviesa desde lo institucional: cumplir, tener un cartón ser reconocido por ello y a veces en ese proceso no nos detenemos a formular esa pregunta por el qué soy, qué quiero ser o qué son los otros y nuestras relaciones con ellos. 

 Ser profesor, educador, maestro o lo que sea, conlleva una responsabilidad muy grande sobretodo porque en gran parte de este país el profesor es aún una figura de verdad que no es cuestionable, enfrentarse a esa imagen, más aún si se quiere transformar esos papeles preestablecidos implica una reflexión y movimiento continuo. Desde un poco antes de decidir estudiar esta carrera -­licenciatura en artes plásticas- me di cuenta de que los maestros que más generaban algo en mi como estudiante eran quienes nunca habían parado de estudiar, tenían una actitud curiosa ante el mundo, eran inquietos y en constante movimiento en sus vidas, aprendizajes y experiencias.  

Es normal y efecto de nuestro tiempo que se esté criticando ese tipo de educación que recurre a la memoria como método de aprendizaje y que no se piensa la producción de conocimiento desde el otro y el dialogo con él, ya que convertir a los seres humanos en depósitos de información los anula como humanos. El docente evoca, induce, provoca. Pensar en la pedagogía del arte es cuestionarse el rol del docente y sus representaciones. 


¿Cuál es el deseo impreso en un estudiante de Licenciatura en artes plásticas? ¿Qué se quiere lograr? ¿Cómo se vuelve realidad? .El acercamiento con una institución académica nos permite resolver parte del "cómo"; se espera obtener herramientas para hacer lo que se quiere. No tengo (o tendré) del todo claro lo que conlleva ser licenciada en artes, me parece que la primera vez que dije  que quería ser profesora fue hace mucho tiempo y era muy claro que lo que quería era no ser como algunas profesoras que tuve, es un comienzo un poco rencoroso, de reacción a un desagrado hacia ellas. Tiempo después quise ser de todo: física, psicóloga, astrónoma, filosofa, historiadora, socióloga, antropóloga, bióloga, cocinera y artista.


Me debato en la contradicción de pensar que hay una gran responsabilidad en el papel de  profesor y creer que es demasiado atrevido verse como alguien que "siembra una semilla" o que "construye futuro en los niños" porque de todos modos no es posible saber lo que se genera en otros.


 Creo que un profesor es una promesa de futuro, estar en un aula o cualquier espacio en el que se pretenda la  construcción y fluir del conocimiento es posible porque hay una intención, un deseo, una idea de un después. Hay una carga erótica en esta relación (entendiendo lo erótico en relación al deseo) porque siempre se quiere algo, independientemente de que sea una nota, un aprendizaje, un reconocimiento dado por el otro  o  cualquier cosa de la que la única claridad que se tiene es que hay algo que se quiere.

A esa figura que nos acompaña casi que desde que se tiene memoria independientemente de que se corporeice por momentos en un familiar, un profesor, o incluso una institución le damos la capacidad de ser un marco referencial de nuestro “buen vivir”, es ver un camino en el otro. Aparece entonces otra construcción, esa que es hacia afuera, que se piensa en lo grupal, lo colectivo o lo comunitario y… ¿qué quiere hacer uno con los otros? ¿Qué está dispuesto a dar? y ¿qué se dispone a recibir? No está del todo claro, son cosas que se descubren sobre la marcha al momento de generar relaciones e identidades con los demás.

 ¿ y por qué artes?


 Hay un interés, un impulso por estar ahí que no es determinado por un asunto cultural y que no se puede comprender en su totalidad que nos puede llevar al arte. Aun así no creo que los artistas sean los llamados a salvar el mundo, tampoco creo que esta sensación o impulso de movimiento físico y espiritual que lleva algunos a estudiar  artes sea único en esas personas, aparece en todas partes, es un hilo por el cual nos conducimos en la vida que se hace visible en los momentos de mayor desconsuelo, eso que nos conduce es la forma de enfrentarnos a la desesperación en los momentos en que la pregunta es ¿y yo de donde me agarro ahora? 


El discurso y gesto identitario  que nos acompaña nace de  una especie de matriz propia que se construye en un proceso que necesariamente pasa por la curiosidad y el asombro ante el mundo y desemboca en un discurso de imagen y leguaje. Frente a la incertidumbre aparecen una cantidad de posibilidades que constituyen nuestra forma de expresarnos y nuestros intereses. Pensar que ese hilo conductor que nos creamos se entrelaza con otros es vernos como parte de un “tejido social” en el que hay un entramado de vidas, su tiempo y el espacio.


Varias personas con intereses artísticos a veces no hacen consciente que su verdadero deseo es hacer de su experiencia una obra de arte. Lo que se presenta como una reafirmación de vida, la curiosidad por lo pedagogicoartístico (si se puede decir así) es también una curiosidad por la vida y el movimiento de ella con las otras que habitan el mismo espacio-tiempo. La vida y su necesaria contradicción presente con la muerte nos enfrenta al infinito, donde se puede uno encontrar con la frustración de la impotencia para producir grandes cambios que a veces parecen únicas opciones ante el mismo dolor que genera ser consciente de ella, por ello  algunas vanguardias artísticas rallaban con lo religioso, por esa ilusión de verdad en la que el mundo está presto a cambiar por lo que se supone es “mejor para él”.  Pero ahora, en la época que ya vivió eso,es en el pedazo mínimo de materia en el mundo, en lo microscópico que nos pertenece, en donde nos podemos mover a placer y producir cualquier cosa que queramos, en ese otro abismo, donde lo infinito aparece como las múltiples posibilidades dentro de las cuales decidimos, es donde tejemos vida con otros.






jueves, 4 de junio de 2015

las meninas en Foucault

Las Meninas, by Diego Velázquez, from Prado in Google Earth.jpg




1 lugar del pintor

“El pintor está ligeramente alejado del cuadro (…) está por un momento inmóvil entre la tela y los colores. Esta mano hábil depende de la vista; y la vista, a su vez, descansa sobre el gesto suspendido. Entre la pina punta del pincel y el acero de la mirada”

En la mirada del pintor hay una relación infinita, en la que se intercambian constantemente los roles del objeto y el sujeto, del espectador y el modelo y del contemplador y el contemplado, es ese mirar siendo mirado en el cuadro.


2 técnica

La pintura está perfectamente ejecutada, es una demostración de capacidades, y también de autonomía en el dominio de la técnica, ella se presenta como buen conductor para el pintor.


3 Presencias

Yo, en un principio consideré que el cuadro estaba todo lleno, es decir, que en él no existía el vacío  que en todas partes había información, después, supongo que en parte por el carácter confuso de todo lo que habita el cuadro encontré que Foucault ve lleno de vacío el cuadro.

Más allá de los nombres, cada personaje refleja un movimiento, además de los mirados los lugares en los que habitan (como la puerta o el mismo espejo por ejemplo).También hay una presencia del espectador en la obra.

Pensar el nombre de los personajes como lo que los define en la obra es volverla un documento histórico. Por el contrario, entrar en la búsqueda de significados solo desde lo que se logra percibir en él abre un sinfín de posibilidades en las que también nos percibimos como en un espejo.



4citaciones a la pintura

“La relación del lenguaje con la pintura es una relación infinita” Foucault

El pincel y la paleta, la parte de atrás del bastidor que se logra ver y los cuadros que se encuentran en la pared y se puede ver algunos de sus rasgos son referencias a la pintura como técnica y también al pensamiento que interviene en la ejecución de la misma obra que vemos.


5 representación  

En las meninas se representan un montón de cosas, y hay un montón de situaciones e intenciones posibles. Ese juego en que Velázquez propone ser mirados en el papel de espectadores, o lo que para Foucault es la representación como pura representación produce un efecto como el de algo que se encuentra entre dos espejos y su imagen se multiplica al infinito. Creo que la tarea de interpretación de este cuadro, de buscar su intención o su significado es también infinita se multiplica como las imágenes en la imaginación de   cada espectador que mira y es mirado por él.




  Se elaboró el mapa en consecuencia con la linealidad del documento, donde se expone la relación que ha tenido la humanidad con el mundo y la evolución en la condición del sujeto y el objeto.el mapa es un objeto que contiene una serie de símbolos que nos remiten a otra cosa, es una estructura que crea relaciones en el lenguaje. El mapa nos obliga a entender una serie de códigos, en este sentido, nos altera, es decir, dialoga con nosotros; se convierte entonces en un objeto vivo (sujeto).

somos objetos cuando el mapa nos altera y sujetos cuando dialogamos con el, ambas condiciones existen en nosotros y en el objeto 


Jorge Andrés Quirós
Victoria Ibarra
Juan Esteban Cadavid
Camilo Rojas
Stefanía González Lopéz


lunes, 11 de mayo de 2015

¿cómo se empieza?

No tengo idea de como construir este blog, entiendo que la pregunta inicial sería por los procesos de subjetivación y es lo que quiero desarrollar.
Escribir siempre es una tarea compleja, para mí lo es, pero es posible que encuentre en la escritura una forma de autorreconocimiento o una especie de espejo que sirva como un encausamiento de los cuestionamientos propios y una claridad sobre el hacer o el crear.

Frente al aspecto educativo, desde un poco antes de decidir etudiar esta carrera (licenciatura en artes plásticas) me dí cuenta de que los maestros que más generaban algo en los estudiantes eran quienes nunca habían parado de estudiar, inquietos y en constante movimiento en sus vidas y aprendizajes.  

El docente evoca, induce, provoca. Es normal y efecto de nuestro tiempo que se esté criticando ese tipo de educación que recurre a la memoria como método de aprendizaje y que no se piensa la producción de conocimiento desde el estudiante, ya que convertir a los seres humanos en depósitos de información los anula como humanos. Desde una pedagogía tradicional, no habria cabida para el arte. Pensar en la pedagogía del arte es cuestionarse el rol del docente y sus representaciones, y también  las relaciónes de los seres humanos en general, ahí es donde estás esos procesos de subjetivación, que son posibles cuando hay un cuidado de si, de lo otro y del otro, aparecen.